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15 Feb/08

La Seguridad Asocial en Estados Unidos

El otro día estuve viendo Sicko de Michael Moore, un documental bastante interesante sobre el sistema de salud en Estados Unidos. Normalmente suele decir cosas que impresionan sobre ese país, aunque también es cierto que no dice cosas que quizás no le convenga, es bastante subjetivo, pero aún así interesante.

En España tenemos el sistema de la Seguridad Social, que aunque nos quejemos mucho, la verdad, deberíamos estar muy contentos con él. En EE.UU. el sistema de la S.S. solo cubre a los mas desfavorecidos, el resto, si quiere estar sano debe pagar un seguro médico privado. Pero como cualquier negocio, los seguros privados se preocupan más de las ganancias que de los clientes, y es por ello que el hecho de tener un seguro privado no te da la certeza de que vayas a ser atendido.

Estuve hablando de la película con un amigo de EE.UU. que está en contra del sistema de salud universal, ya que para él implica mucho dinero y que eso no llegará nunca a funcionar. Yo le dije: “En España funciona, será que no nos gastamos en dinero en armas”, a lo cual, entre risas, me contestó: “es que vosotros no sois la policía del mundo”. Aún siendo una de nuestras típicas y amenas discusiones, la cuestión es cierta, prefieren gastar el dinero en guerras que en la salud de sus ciudadanos. En el momento que sea un muerto de hambre, trendré claro que el dinero se gastará primero en la salud, la comida y la educación. Sin embargo, en la potencia occidental, esas simples prioridades no son las más frecuentes.

Experiencias bastantes cercanas a mí me han enseñado que la sanidad en USA es un cachondeo, entras enfermo en un hospital y sales igual que antes pero con un cabreo de campeonato. Si tienes seguro estás perdido, porque para sacarle el dinero te harán mil pruebas innecesarias. Y no es coña, por ejemplo análisis de sangre cada pocas horas sin ninguna finalidad. Otro aspecto bastante frecuente cuando te dan el alta es el oye-vuelve-que-acabo-de-encontrar-algo-terrible, con el correspondiente dios-mio-me-estoy-muriendo, pero nada, al final es solamente ah-pues-no-era-nada y su amigo no-te-olvides-de-pasar-por-caja-para-pagar.

¿En que se mide el progreso de un país?, ¿en el número de coches por familia?, ¿en la media del tamaño de la tele de plasma por habitante?, ¿en el poder destructivo de su ejercito?, o quizás en algo tan simple como que si sus ciudadanos se enferman no tengan que acudir a la santa providencia.

Desgraciadamente, como somos tontos, acabaremos imitándoles, ¡para variar!.

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