Tenemos la televisión que nos merecemos
Muchos nos preguntamos cómo es posible que echen tanta porquería por la televisión. Es fácil, lo que muchos llamamos telebasura realmente se llama audiencia. La televisión es un negocio, y sin entrar en la falta de ética (aunque en muchos casos no queda muy claro), lo importante no es lo que se saca por pantalla, sino el dinero que se gana con ello.
Hay para todos los gustos: prensa del corazón (o del hígado como diría Moncho Borrajo), realities, concursos absurdos e incluso las noticias. Para colmo, cuando algo tiene éxito se repite hasta la saciedad. Si gusta Operación Triunfo, habrá mil versiones: Factor X, Hijos de Babel o Madrid Super Star (esté último es sencillamente patético). Si gusta lo de meter a alguien en una casa, idearán todas las posibles variaciones entre los personajes que usan (famosos, parejas, anónimos, friquis), los lugares en los que se les encierran (casas, granjas o islas perdidas) y los motivos del programa (hacer el estúpido, sobrevivir, cocinar, hacer una casa, modelar o ponerle los cuernos al prójimo).
En estos momentos hay (o ha habido) varios programas de televisión que realmente me desesperan y de los que es imposible no enterarse de ellos:
- Operación Triunfo: uno de los primeros y que ha tenido muchas copias, alguna de ellas mejores que el original. Se trata de una academia de superventas, de artistas no lo tengo muy claro, pero de sí de números uno en Los 40. Son todos guays, la sencillez brilla por su ausencia, son los más monos, jóvenes y hermosos. Es un copy/paste de personalidades artísticas, no se ve originalidad, les puedes juntar a todos, mezclar o intercambiar, y da igual, cantan lo mismo y de la misma manera.
- Programas del corazón: no creo que se salve uno. Se ha pasado de hablar de la vida de la gente famosa a machacarles. Antes se hablaba de gente interesante y ahora de cualquier mem@ que se ha tirado a otr@ de su especie o cuyo mayor mérito es ser el hijo del amigo de la prima de la vecina de alguien que ya ni se sabe quien es. Lo peor son los periodistas, que basados en la rumorología, en el sexto sentido o en los posos del café, aseguran noticias absolutamente ciertas, que a parte de importarnos un pito, al final resultan totalmente falsas.
- Teletienda: lo que antes era exclusivo del horario nocturno, ahora está hasta en la sopa. Te venden de todo y nada útil. Anuncios más largos que una película de Mel Gibson que muestran las maravillas del producto, pero que son más falsos que un photoshop.
- Concursos absurdos: no sé ni como llamarles, te ponen a una pechugona o a un cuerpo danone preguntándote algo tan sencillo como absurdo (por ejemplo, animal que tiene estas letras V_CA). Increíblemente nadie llama o cuando llaman dan una respuesta más absurda que la pregunta (por ejemplo PERRO). O la gente es tonta, o les sobra el dinero y no saben en qué gastarlo.
Bueno, afortunadamente el pirateo me permite no ver la tele con frecuencia, pero aún así, como dijo Groucho Marx: “la televisión es muy educativa, cuando alguien la enciende yo me voy a otro cuarto a leer un libro”.

