Opiniones, orgullos y lentejas
Está claro que a todo el mundo nos molesta que nos vengan dando consejos cuando no se piden. El problema es cuando en vez de consejos, se dan opiniones y en vez de en el ámbito personal se dan en el ámbito laboral.
Las opiniones pueden estar acertadas o equivocadas, ser positivas o negativas. Da igual cómo sean, se tratan de un punto de vista que siempre hay que tener en cuenta, si se trata de una estupidez se descarta en el momento, pero si no lo es, se debe estudiar a fondo y pensar el “por qué” de esa opinión y actuar en consecuencia (aunque el acto sea no hacer nada).
El problema es cuando el orgullo se antepone a la objetividad y a los intereses comunes y corporativos (¡qué poco me gusta esta palabra!). Si te ofende que mi opinión sea contraria a la tuya, cuando se trata de una opinión respetuosa, tienes un problema, si además eres el jefe, la empresa tiene un problema.
Ya sabes, como las lentejas, si quieres lo tomas y si no lo dejas, pero no te piques.

