Inmigración ilegal
Estoy en contra de la inmigración ilegal, aunque jamás podré estarlo del inmigrante ilegal. La inmigración ilegal no beneficia a nadie, y menos aún al inmigrante. El inmigrante ilegal no viene a España (o a otro país) por gusto, a nadie le suele gustar dejar su país, su familia, sus costumbres, pero desgraciadamente la situación que viven es tal que se ven obligados a buscarse un futuro mejor en otro país, aunque sea de forma ilegal.
Decía que la inmigración ilegal tampoco favorece al inmigrante porque les puede obligar a vivir en una situación de marginalidad, de falta de derechos, de miedo a la exportación y de futuro incierto. Tampoco favorece al inmigrante legal, la inmigración ilegal es un problema para los países, y las soluciones adoptadas suelen ir en perjuicio de todos los inmigrantes: mayor control y requisitos para la entrada (visados) o menor número de solicitudes de trabajadores extranjeros (contingente). Lo cual hace que el que quiere venir legalmente lo tenga más difícil. Es curioso que hace muchos años (creo que unos 20, no estoy seguro), para obtener permiso de residencia y trabajo en España, tan solo tenías que pasarte por una oficina de empleo y registrarte.
Miedo me da el rumbo que está tomando la política europea sobre inmigración, pero bueno, viendo a Berlusconi y a Sarkozy, tampoco se puede esperar nada bueno. Bien dice ZP que una cosa es querer echar a los inmigrantes ilegales de tu país y otra es que te los acepten. Si se quiere evitar que entren ilegalmente en tu país, evita que quieran salir de los suyos, algo que realmente es difícil.
A todos los que venís a España, como sea que venís: bienvenidos.
Foto tomada de La Bombilla

Algo que no soporto demasiado es el patriotismo. No tengo nada en contra del sentirse orgulloso de tu país o de tus raíces, todo lo contrario, pero muchas veces el patriotismo lleva a sentimientos un tanto radicales, extremistas o simplemente absurdos.
No he entendido nunca, y sigo sin entender, la fijación que hay con las marcas. Normalmente se resumen en: me gasto un dineral en algo que es igual al resto, pero que muestra la marca en grandote y to’dios pierde el norte para tenerlo. Un bolso lleno de osos parece ser distintivo de elitismo, y si no tenemos dinero para pagar los 170€ que cuesta el bolso original, pues tranquilamente nos vamos a un mercadillo y compramos uno parecido, pero que en vez de osos de Tous tiene 
